Rascale...

21/5/10

Para leer al anochecer...

Reseña de la antología de relatos de fantasmas de Charles Dickens publicada en nuestro país por la Editorial Impedimenta.

Cuando lees por primera vez algo escrito a manos de un escritor súper famoso de la muerte y has oído hablar tantas veces de él (hasta sin desearlo) que te duelen las orejas y eres una persona a la que no le atraen nada las historias que no contengan un mínimo de suspense y un mínimo de intriga que te inquiete hasta el final, lo haces con recelo.

Hasta que te percatas de que lo que cuentan es verdad.
Dickens escribía de maravilla, Dickens sabía atraer al lector con tan solo un párrafo, Dickens esto, Dickens lo otro… Miles de americanos esperaban en el puerto de Nueva York al barco que traía sus novelas. Me lo creo. He tenido la gran oportunidad de saber lo maravilloso de este hombre gracias a la cuidada edición (con cubierta y portada ya muy sugerente) que nos presenta la Editorial Impedimenta.
Charles Dickens estaba muy interesado en las historias de fantasmas y en los fenómenos sobrenaturales. No lo sabía. Pero sí lo piensas, con este tipo de historias también se puede reflejar a la sociedad victoriana de la época y eso era lo que Dickens buscaba en definitiva. Inquietudes, defectos… no tanto sus virtudes. 
Dickens se rodeaba de cuentos, historias que pululaban a su alrededor y lo plasmaba en sus escritos.
Y en ambientes muy extraños llegó a meterse para poder escribir estas trece historias.
La lectura de los cuentos en Para leer al anochecer es exquisita. Un placer para los ojos con buen gusto. 
El modo en como se describen los hechos, de una forma lenta pero insinuante… Calando en nuestra estabilidad. Haciéndonos dudar.
El presente volumen se compone de pequeños relatos y fragmentos de novelas en los que hay fantasmas de diversa índole. Unas veces atentos, otras bondadosos, amigables y, cómo no, indeseables. En sus argumentos puedes percatarte de que el autor está jugando contigo y lo que es peor: te gusta. Te propone y te engaña.
Sin contar el famoso El guardavías, es difícil destacar un relato por encima de otro. Pero porque todos poseen un nivel muy alto. Marinos desaparecidos que hacen visitas a sus esposas, viajeros que se encuentran con extraños niños, fantasmas que se preocupan de que se haga justicia con su propio asesinato, villanos ahorcados, espectros que hacen encargos desde el más allá…
Yo no los leí al anochecer pero me arrepiento. Aunque el té no faltó en mi mesita de escritorio; y tal vez sí, tal vez no, alguna de las dos cosas que sostenía en mis manos, agudizó mis oídos de un modo inconcebible.
Y ahora miro donde antes no había mirado.

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